Exposición de artes visuales para Arte y Cultura Bodega Monteviejo
Del proceso, los resultados y las preguntas
Quisiera comenzar por el principio, presentar el proyecto de Reencarnaciones Experimentación Artística como yo lo comprendo, para después describir la modalidad de esta convocatoria, la materialización que fue adquiriendo en obras, y mi comprensión del proceso. Los ejes que sostienen la identidad de reencarnaciones son: la interdisciplinariedad, la accesibilidad y la convivencia de generaciones y poéticas distintas. La interdisciplinariedad, fundamentalmente entre el arte y el psicoanálisis es guiada por la gestora, directora y promotora general de todo el proyecto: Gabriela Nafissi. La accesibilidad como un horizonte de expectativa que tienda puentes con las personas ciegas, para lo cual cada obra cuenta con una mediación de audio descripción de contenidos y otros dispositivos que se ponen a disponibilidad desde el comienzo a todas las personas de distintas disciplinas que participan en cada convocatoria. Y por último, una búsqueda de convivencia entre generaciones y poéticas diversas, tratando de propiciar el diálogo expositivo entre expresiones jóvenes, disruptivas, posmodernas, con otras de trayectoria del arte mendocino contemporáneo, que recogen debates y tradiciones más abarcativas. No hay podios para maestros de la plástica mendocina ni para artistas revelación, la propuesta es brindar bebiendo del mismo vino cada quien en su copa.
En esta convocatoria 2019 V2d7r: un matema poético para la causa artística, Gabriela me explicó que su voluntad era proponer un disparador no mediado por la palabra. Esta fue la intervención inaugural que se dio el 23 de julio a las 3 a.m. A quienes asistieron no se les anticipó absolutamente nada sobre lo que sucedería en ese momento, y al concluir la performance nos fuimos sin decir nada. El 24 de julio fue la dinámica de presentación, todas las personas convocadas pudimos conocernos y se habló de las sensaciones que despertó la intervención inaugural. Tomé notas de esas narraciones. A estos dos primeros encuentros, se sumaron otros tres: una experiencia gastronómica en la Bodega el 29 de julio, una experimentación de música, curada por Andrés Ceccarelli y otra de escénicas, curada por Valentina Fusari.
Mi intervención fue el 29 de julio en la Bodega. Trabajé con la lógica de la propuesta: propiciar un diálogo, donde quienes participan puedan responder expresando su coincidencia, rechazo, oposición o, en el peor de los casos: su indiferencia. La idea era expandir el repertorio disponible desde la intervención inaugural sin mediar palabras, y poner en común el mismo universo de referentes no textuales.
Para contextualizarnos en las inquietudes de cada artista, les pedí que me compartieran imágenes de sus trabajos recientes. También que me enviaran imágenes, videos, sonidos o música que les recordaba a la intervención inaugural. Como suele pasar en las conversaciones, a veces las respuestas no llegan a tiempo, o no escuchamos bien lo que nos dijeron, así fue que no todos enviaron. Pero entiendo que los silencios también son maneras de responder, y me gusta respetarlos de esa forma. A ese material, le sumé la transcripción de las verbalizaciones sobre lo experimentado en la intervención inaugural. Me pareció importante recuperar esas otras maneras de vivir la misma experiencia. Los testimonios recogidos en la dinámica de presentación tenían otra resonancia, algunos que pasaron desapercibidos adquieren ahora otros significados.
Mi propuesta fue que los proyectos de obra hilvanaran experiencias-otras y referentes no textuales, de sonido o imágenes. Lo propio es imposible dejarlo de lado, lo importante es retomar este universo en común para propiciar un hilo conductor sin forzar las búsquedas particulares. También me pareció que atendiendo a la expectativa de accesibilidad para personas ciegas, venía bien poner a circular referentes que no fueran exclusivamente visuales y activar otros materiales a disposición, como sonidos o experiencias ajenas. De cara a la propuesta interdisciplinar que articula lenguajes escénicos y música podrían surgir nuevas conexiones.
A partir de la mediación los/as artistas recuperaron elementos, situaciones, roles y conceptos de la intervención inaugural que reelaboraron en sus obras.
Entre los elementos: el cabello y la caja; las situaciones: el secreto, lo indecible y lo incomprensible, el vacío. El ritual o ceremonia, ese acto que se repite una y otra vez, siempre idéntico a sí mismo, donde cada participante tiene un rol preciso e inamovible, pactos de autoridad sagrados que lo hacen posible. La presencia de la performer, su cuerpo, su ser mujer, su cabello. Todos estos enigmas toman forma distinta en manos de sus autores.
Marset se concentra en las cajas ¿son iguales?, ¿guardan lo mismo?, ¿qué guardan? En su obra estas cajas contienen lo inefable. La vulnerabilidad del transcurrir del tiempo, tan frágil como inevitable.
También Jury trabajó la idea del tiempo cíclico, pero estas máquinas que recrean el rito del dibujo presentan otras preguntas por los roles y la competencia infinita entre la potencia creadora y la oposición destructora, que borra y disputa la autoridad exclusivamente afirmativa. ¿una imagen dialéctica negativa?
Lo ritual y las cajas son retomados por Reboredo en la creación de sus pectorales. Estos atavíos se exhiben dentro de vitrinas, que los resguardan como rastros de un ceremonial, al igual que las cajas de la intervención inaugural, que cada curador/a entregó a sus artistas a modo de invitación a este ceremonial.
La imagen de la mujer tuvo resonancias en Zotto, Aise y Giovannini. Aise la vuelve arquetipo de mujer-madre en la sociedad actual en que se rediscuten las formas tradicionales de conformar una familia. Se autorretrata como sostén de sus hijas, con la mirada esquiva, entre sus herramientas de artista, y junto a un libro de diseño familiar. Giovannini la representa como luna, en su lado oculto, enigmático.
Zotto vuelve sobre lo que sucede con esta mujer: le cortan el cabello, la agreden, pero ella no se resiste. Eso que le quitan se ramifica, como información, y se reparte a los artistas. Como una lesión que se ramifica.
Por su parte, Castillo también fue captado por lo que se repartió a los artistas, cajas iguales que se entregan a personas distintas. Cada quien posee un fragmento de algo mayor, y traslada este proceso a las piedras: “Cada guijarro fue un planeta y cada planeta fue un guijarro”. Entonces la pregunta se dirige hacia las múltiples identidades que tienen el mismo origen, pero no son jamás idénticas. La precisión y el detenimiento en la textura de cada piedra es una metáfora para pensar que solo mirando desde muy cerca se perciben las singularidades.














Barón y Spano sintieron el vacío como una idea de la cual partir. En el caso de Spano, como el fallido intento de comprensión, y el sinrazón que lo conduce al vacío. Sus esculturas se contorsionan en una danza que rodea al vacío. Tomados de su propio cuerpo, las figuras vaciadas en resina se ordenan en torno a un centro, a distintas alturas a lo largo de 18 mts, dando a este vacío una dimensión monumental, al tiempo que el ordenamiento acompasado de sus figuras recrea, como una danza, las vueltas en su búsqueda de comprender los sentidos de la intervención inaugural.
Barón entiende la ausencia de palabras como un vacío. La artista partió de dos cuestiones: el vacío y el cabello. Ambas se hicieron proyectos paralelos, hasta que el cabello -metáfora del deseo- le ganó al vacío, o bien: llenó el vacío con deseo, deseo de protección.
Uno de los testimonios sobre la performance inaugural explicaba que quienes estábamos ahí “no nos conocíamos”. No estaba claro qué esperar de cada quién, cuándo ocurriría algo o qué podría ocurrir. El imperativo sin palabras era dislocar, correrse del espacio en que normalmente cada quien elige crear. Se invitaba a conocer otras maneras de preguntarse, de acercarse a las imágenes. Los límites imprecisos confunden, canalizar esa crisis puede propiciar resultados asombrosos.
Desde mi lugar busqué poner en común los sentidos compartidos sobre la intervención inaugural. Creo que no sería posible determinar cuánto afectó cada experiencia o cada imagen de las compartidas en la creación de las obras. Sí estoy segura de que cada artista trabajó, aun sin ser plenamente consciente de ello, con más materiales que la propia intervención o su experiencia de ésta. La puesta en común de las experiencias otras y los referentes no textuales dispusieron otros materiales. ¿Cómo se tejen entre sí? ¿Se produjeron obras de manera interdisciplinar? Hubo casos de procesos compartidos: Giovannini y Carrasco, lo reconocieron de ese modo.
Pero a mí me quedaron más preguntas: ¿Se puede en una misma propuesta expositiva potenciar las individualidades sin que algunas estridencias opaquen los destellos más sutiles? ¿Cómo destacar los puntos en común en esta comunidad artística? ¿Es posible pensar lo universal en el arte sin imposiciones? ¿Cómo promover la multiplicidad y diversidad de voces en un espacio en que todas puedan oírse al mismo volumen? La tensión entre el molde y aquello que desborda se me escurre entre los dedos.
Paula Pino, 2019.

